Detrás del “Estado de Derecho”
PARI, Annelisse
En un contexto en que se ve al Dialogo como necesario
para la resolución de conflictos socio ambientales. Un “Estado de Derecho” es el
que postula y acredita el Monseñor Cipriani en las últimas semanas[1].
Cuando se le pregunta qué sugiere ante los últimos conflictos sociales latentes
dados en nuestro país. Legitima un “Estado
de Derecho” por el “bien del
país”. Pero hay que tener en cuenta que este ultimo concepto homogeniza la
diversidad de actores que existen en nuestro país[2].
Cabe mencionar que al referirse por país
se refuerza en su discurso específicamente a los poderes facticos[3] y/o grupos superordinados (Saurabh Dube, 2001),
Carl Schmitt en sus obras se presentan como respuestas
a las cuestiones prácticas que en cada momento atraen su atención, en su
escrito El concepto de lo político se
puede rastrear el origen de las más significativas reducciones que su
pensamiento aplica al terreno de la política y del Derecho Constitucional. Sus
respuestas se formulan desde perspectivas que representan una sustancial
ampliación de la tradición histórica constitucional alemana, y que entre otras
cosas incorporan ideas procedentes del
pensamiento y el constitucionalismo franceses (Rafael Agapito, 1991).
C. Schmitt muestra bien como esta figura de
“Estado de Derecho” de cuño alemán, que
reposa cobre un control de la función ejecutiva por medio de los tribunales y
sobre la exigencia de reserva de ley para unas determinadas materias, no
constituye ya una respuesta adecuada y suficiente para un nexo social que se
organiza desde el sufragio universal y desde el consiguiente complejo
pluralismo de grupos. Schmitt no cree que en las nuevas circunstancias el
Estado pueda tener otra justificación plausible que la del principio democrático[4].
Observamos que una vez legitimado este “Estado de
Derecho“ al estilo alemán decimonónico[5], se despoja de sus formalidades jurídicas y de
sus oropeles discursivos para afirmar su soberanía a través de una decisión
política que abre las puertas a la dictadura en nombre de la restauración del
orden[6]. Un
carácter represivo del Estado actual ejemplifica ello al ver la detención del
alcalde de Espinar hace unos meses en Cuzco.
Siguiendo a Schmitt, vemos que hay una gran relación
entre El Estado de Derecho y la monarquía. Por ejemplo las estructuras fácticas
se muestran al referirse a los interlocutores validos en esta iniciativa de
Dialogo[7]
entre los principales actores[8]
desautoriza al monseñor Cabrejos y al
padre Garatea en esta iniciativa[9].
Entonces observamos como lo religioso, lo político y lo histórico son parte de
un mismo proceso. Hace falta entender estos aspectos vinculados comprenderlo de
modo influyente, y cuestionarnos en que medida nuestro país tiene caracteres de
ser un país poscolonial (Saurabh Dube, 2001) [10]. Siguiendo
esta lógica Schmittiana vemos como el Estado busca en estos actores religiosos
como posibles intermediarios, lo cual nos remonta a los años en que los estados
eran monárquico y no estados Democráticos[11]
(refiriéndome al hecho de que la figura religiosa católica tenga mayor
presencia que las Instituciones: Defensoría del Pueblo, Secretaria de
resolución de conflictos de la PCM, etc.[12]).
El Estado de derecho, de la forma en que ha sido
ejercido desde el gobierno actual en los últimos meses en Cajamarca y Cuzco[13],
se configura como una de las estrategias de dominación y poder hegemónico de
las naciones (Saurabh Dube, 2001).
Ahora cuando Kant[14] al
referirse al “Estado de derecho y la paz” afirma que la razón impone un deber
universal haciéndolo bueno. Este otro concepto de “Estado de Excepción” seria
la versión más cruda del pensamiento Kantiano de la búsqueda de un status quo
en tiempos difíciles (presencia de conflictos sociales) pero hay que tener en
cuenta que ello no lo justifica; ya que
en un país Democrático, como lo señala Schmitt, con conflictos mineros
existentes que se resuelven o están en vía de ello reconociendo a los actores
involucrados en el proceso de Negociación si es posible.
Cabe mencionar que los reclamos emitidos por los
diversos actores afectados directa o indirectamente afectados por la ejecución
de este proyecto minero, no solo lo hacen por este factor. Es la suma de
reclamos dirigida no solo a la Minera que promueve este proyecto sino a los
demás actores, como al Estado, la empresa privada, etc.
A América Latina hay que leerla desde ella misma,
desde sus heterogeneidades estructurales nos lo recuerda Aníbal Quijano. Y
no solo verlo desde lo jurídico.
Entonces al otro gran bloque de ciudadanos que no
incorpora Cipriani en su discurso son aquellos grupos subordinados[15], que
buscan ser escuchados, que aquí los mencionamos y están presentes en una
resistencia subalterna.
Un motivo que impide no
reconocer a los diversos actores sociales, políticos y culturales en nuestro
país es el hecho de que están invisivilizados ante este Estado centralista
(Spivak), invisivilizandose la reproducción
de las formas de inequidad.
Es necesario mencionar que dentro de esta protesta
social (que es justa y legitima) encontramos un fundamentalismo anti minero.
Que debe ser analizada en el campo académico y no confundir esta búsqueda de
Alteridad en nuestro país con un nativismo visceral[16]. Algunos
de los dirigentes muestran este rechazo anti minero traduciéndose políticamente
así mismo en proselitismo político[17].
Dentro de esta resistencia subalterna Saurabh Sube
considera que modos de transmisión de la rebelión se dan en la comunicación
verbal y la comunicación no verbal. Siendo la Territorialidad y el Rumor como
parte de esta insurgencia campesina. Y en este caso coyuntural de nuestro país
encontramos diversos discursos que dentro de la comunicación verbal se van
configurando como discurso Popular: El Rumor.
En las practicas discursivas se hallan adiciones y
mutilaciones, las improvisaciones y giros introducidos en un rumor en su curso
de difusión transforman su mensaje para permitirle ajustarse a las variaciones
dentro de modos de expresión popular y ampliar su público (Saurabh Dube, 2001).
Un ejemplo muy breve es la falta de fortalecimiento del Ministerio del
Ambiente, a causa de ello al no ser promovida la debida explicación del último
Informe de Impacto Ambiental a la población,
hace que este Rumor logre cambiar en las prácticas discursivas las
consecuencias a futuro de la ejecución del proyecto mencionado. Este rumor
entonces se configura como un instrumento de la movilización rebelde.
Entonces lo subyacente a la otredad es la relación
comunicativa (nosotros), aquella que se propone desde la Sociología de la
Alteridad (Luis Alarcón, 2001). Incluyendo de manera seria y consensuada el
Dialogo y la Comunicación.
No se propone una vuelta a la cultura precolombina-
históricamente imposible- ni una negación de nuestro transito por la modernidad
dependiente, sino de asumirnos en nuestros espacios interculturales:
religiosos, étnicos, lúdicos (Luis Alarcón, 2001)
Viendo como punto de partida ya no al individuo sino
hablar en términos de comunidad (Luis
Alarcón, 2001). Es un reto para un país como el nuestro que va en
camino a ser un Estado Democrático.
BIBLIOGRAFIA:
CARL SCHMITT. El
concepto de lo político. Alianza Editorial. Madrid, España. 1987.
LUIS ALARCÓN. La
Sociología de la Alteridad en el siglo XXI. Cinta de Moebio, número 011.
Universidad de Chile. Santiago, Chile. 2001.
SAURABH DUBE. Sujetos
Subalternos. Capítulos de una historia antropológica, Nueva Delhi. 2001.
SINESIO LÓPEZ. El
encanto humalista del estado de emergencia. Diario La República. Pág. 9. Domingo 08/07/12.
[1] Su
comentario emitido en el último mes en la radioemisora del Grupo RPP, en torno
a los conflictos sociales acontecido en los últimos meses.
[2] Actores
presentes en el conflicto socio ambiental de Conga, como actores que se
encuentran fuera de él.
[10] Dentro del campo religioso
también se subordina a algunos actores. Es así como Cipriano deslegitimiza a
las religiones no católicas.
[11] Gran
parte de ello porque aun no seamos un Estado Democrático plenamente
constituido, con rasgos centralistas.
[12] Habría
que cuestionarnos como comunidad académica y como el Colegio de Sociólogos
(CSP) nuestra participación y opinión.
[14] Aunque habría que recordar la
versión rescatable del pensamiento kantiano de La Autonomía, el tratar a los demás como me trataría a mi mismo. En
un contexto de diversas modernidades y no solo una modernidad occidental
(Saurabh Dube, 2001)
[16] Muy
presente en parte del discurso de algunas organizaciones sociales del Sur del
país (que busca retomar la configuración político religiosa de la época
Incaica) dentro de su agenda legitima de reclamos ante el Estado.
[17] Esto se
evidencia en parte de la plataforma política del partido político recientemente
creado MAS (Movimiento de Afirmación Social).